En busca del brillo personal

Es indiscutible la afirmación de que el camino que conduce a un buen bailarín hacia un artista es la expresión. Una vez que adquirimos las herramientas técnicas necesarias para que nuestro cuerpo se mueva en armonía, el trabajo más arduo e interesante es lograr utilizar a esas técnicas en función de la expresión. Lo que nos otorgará nuestro sello o estilo.
Pero ¿qué es la expresión, cómo podemos precisar con palabras algo que es mucho más, que una simple palabra?
La definición del diccionario dice: viveza y propiedad con que se manifiestan los afectos en las artes, ejecución o realización de obras artísticas.
Propiedad de afecto, es decir, afecto propio, personal: la expresión es única en cada sujeto. Realización de obras artísticas, la afirmación del comienzo: expresión y arte.
Si buscamos una definición que se acerque mejor al dialecto de la danza, podríamos comenzar diciendo que la expresión es el lenguaje corporal: cuando logramos conectarnos con la música, nuestro cuerpo traduce a movimientos aquello que está sintiendo.
Lograr conectarse con los sentimientos propios y expresarlos a través del cuerpo exige un proceso de conocimiento interno que obliga a reencontrarnos a nosotros mismos, y emanar hacia fuera los sentimientos y las emociones más profundas.
Es importante al mismo tiempo enlazarnos bien con la música, y así saber interpretarla.
Esa conexión es sumamente abstracta, simplemente se siente con el corazón. Tal vez expresar no sean solo sonrisas, o “sonrisas figuradas”, expresar hasta pueden ser lagrimas.
Y si entendemos de qué se trata la canción que estamos danzando, mejor será.
Como experiencia personal, me sucedió una vez que bailaba un tema con demasiada melancolía. Cuando investigué acerca de su letra, supe que realmente era un tema triste.
Incluso, ésta anécdota alude a una diferencia notoria, existente entre las bailarinas occidentales y las orientales: nuestra primera barrera es el idioma. Ellas entienden las canciones, realizan gestos al bailar, y demuestran un sentimiento tan profundo que aquí no suele ocurrir. Más allá de esta barrera idiomática, está en nosotros formarnos, estudiar, dedicarse, para poder sortearla, y sentir la danza con intensidad.
También es importante tener en cuenta, nuestros diferentes estados de ánimo, ya que se manifiestan en nuestro cuerpo, y es aquí cuando la expresión se valdrá de recursos técnicos, para que nuestra danza sea profesional, y mantenga su luz propia.


Para ser auténticos en nuestra danza, también es fundamental analizar nuestra personalidad, para darnos cuenta qué parte del show será nuestro fuerte, como así también, resaltar los rasgos más sobresalientes, y en función de ello, escoger música apropiada.
Si en la vida personal, enfatiza un temperamento avasallante, sin duda, sería esa la actitud por explotar sobre el escenario, mediante un buen solo de derbake, o la elección de un tema de presentación con fuerza y energía. O si por ejemplo, el carácter se destaca por ser dulce y romántico, un taksim, o un tema clásico, se adecuarán mejor.
Asimismo, será necesario admitir que los pasos de danza, no a todos nos salen iguales, y no todos quedan bien en nuestro cuerpo. También son personales, y está en nosotros ser creativos, realizar combinaciones, miradas, gestos propios, y hasta tal vez, siguiendo como base la técnica y teniendo cierta concordancia, inventar nuestros propios pasos: si hay algo que permite esta danza, es la liberación propia, y nadie es dueño de la razón en el arte, ya que es totalmente subjetivo.
Finalmente, hay que tener en claro para qué bailamos...si bailamos para los demás, o si bailamos para nosotros mismos. Si optamos por la primera opción, no seremos realmente libres, ya que estaremos en total dependencia, y sujetos a la valoración por parte de los otros. Y ni mas ni menos, eso sería una contradicción: el arte admite libertad, sentimiento, dejarse llevar, volar sin límites...De lo contrario, el bailar por y para nosotros, naturalmente porque nos hace felices, nos llena, nos da un placer incomparable, lograremos emocionarnos con nuestra propia danza, a tal punto, que el público lo percibirá, y se emocionará también.

“Solo los grandes artistas logran hacer de la danza, un movimiento viviente, un movimiento expresivo; con estructura y forma, pero acopladas tan estrechamente en su belleza y gracia, que solo es posible sentirlo, no verlo.”
 
Mayra Huzid - Trayectoria
 
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